Recomendado

Shogun

En el año 1600, una expedición naval holandesa, tras varias penurias, llega al Japón. Su propósito es entablar relaciones comerciales. De la flota original tan solo queda un barco, el Erasmus, capitaneado por John Blackthorne, un experimentado marino inglés al servicio de los holandeses.

Desde un inicio, la estadía de estos europeos en tierras japonesas no será fácil. Por una parte, los portugueses, católicos, tienen ganada la confianza de muchos habitantes del Japón, entre los nobles y la gente de pueblo. Es así que presentan a los holandeses y al capitán inglés como herejes, porque profesan el credo protestante. Además, las condiciones políticas del Japón no son las mejores. El país está dividido en varias facciones. Por su parte, los jesuitas se mantienen atentos al panorama político japonés a fin de sacar el mejor provecho.

James Clavell es el autor de Shogun. Esta novela forma parte de la denominada «saga asiática», que se compone de seis novelas. Existen dudas sobre su lugar de nacimiento. Algunas fuentes citan al Reino Unido; otras, a Australia. Posteriormente se nacionalizaría estadounidense. El nombre con el que firma sus novelas es un seudónimo, ya que su nombre real es Charles Edmund Dumaresq de Clavelle.

A los 16 años se unió a la Artillería Real Británica. En Malasia luchó contra los japoneses. Fue prisionero de guerra en la isla de Java, y luego a Singapur, donde sufrió el maltrato de sus captores. A pesar de esta experiencia, se sintió motivado a escribir Shogun, una novela sobre el Japón.

Shogun es una novela histórica. A pesar de serlo, su autor trata de mantener una distancia entre la realidad y la fantasía. Los nombres de los personajes novelescos aparecen disimulados, modificados, a fin de no parecer un libro de historia sino una novela histórica. Por ejemplo, Tokugawa aparece con el nombre de Toranaga y William Adams, el primer inglés en pisar tierras japonesas, se llama John Blackthorne. Este procedimiento genera la posibilidad de introducir hechos sacados de la fantasía del autor. Con esto, se puede llenar el vacío que la carencia de fuentes podría propiciar.

En esta novela nos encontramos con muchos choques culturales. Ese primer contacto de los ingleses y holandeses con el mundo japonés está marcado por ciertos desencuentros. Blackthorne se admira y no comprende cómo los samuráis japoneses pueden estar dispuestos a pelear a muerte o suicidarse en caso de perder el honor. En el mundo europeo (y cristiano) el suicidio es un pecado mortal y la muerte, el momento en que se rinde cuentas ante Dios.

Los japoneses suelen bañarse constantemente; los europeos, no. Los japoneses que no se han convertido al cristianismo ven a esta religión como extraña e incomprensible. Los japoneses evangelizados tienen un gran dilema en el momento del suicidio. Cumplir con el deber, significa atentar contra su credo.

Blackthorne no entiende que los japoneses del pueblo no pueden tener nombres. A ellos basta con llamarles por sus oficios, como “pescador” o “carpintero”. Tampoco comprende la obediencia ciega de los súbditos hacia sus superiores, basada en la lealtad. La alimentación de los japoneses se basa en arroz y pescado nada más. Los japoneses tampoco entienden la afición holandesa por la cerveza.

En nuestros días, este fenómeno simplifica con las frases «choque cultural» o “cada cultura es distinta”. En la era de descubrimientos geográficos, basados en la navegación transoceánica, muchas cosas resultaron confusas y raras. Fue la primera vez que la gente del mundo se veía las caras unos a otros, tras largos siglos sin mucho contacto.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.