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No se lo digas a nadie

En 1994, el periodista y entrevistador peruano Jaime Bayly publicó su primera novela, No se lo digas a nadie. Esta generó una atracción inusitada entre el público lector del Perú. La novela es la historia de Joaquín Camino (alter ego del autor). Se relata parte de su niñez y adolescencia, pero principalmente su juventud, marcada por su orientación homosexual y su excesivo consumo de drogas. La novela tiene un fuerte contenido autobiográfico.

En cuanto a términos de forma, Jaime Bayly escribió su novela de un modo que se podría llamar facilista. Las descripciones son escasas. El narrador hace uso excesivo de los diálogos entre personajes. Además, recurre a crear una novela episódica en lugar de una novela dramática, siendo esta la preponderante en nuestro tiempo. El primer tipo de novela se basa en historias particulares unidas por un hilo conductor. Por su parte, la novela dramática se centra en un problema y su desarrollo de principio a fin.

Con la decisión que realizara Bayly, al elegir el tipo de narración, cometió un error. Debido a esto, se enfatiza más sus vivencias sexuales como su consumo de drogas. Así, conseguía escandalizar a la gente de su entorno social, la clase alta limeña.  Por otra parte, logró divertir a otros lectores, que leían su novela con ánimo lascivo y curiosidad delirante. Todos sabían que era una autobiografía disimulada. De esa manera, Bayly nos relató cuán bisexual y cuán drogadicto podía ser.

Si el autor hubiera acertado en la escritura de una novela dramática, los lectores hubieran encontrado una historia mejor desarrollada. Por cierto, le habría hecho un gran favor a la comunidad gay, que se desesperaba por manifestar abiertamente su condición homosexual, en los años noventa. Si Jaime Bayly hubiese tomado en serio a la literatura, habría logrado una buena novela. De esa manera, hubiese impactado en el lector para que este logre mirar la realidad de un modo más sensible.

Lamentablemente, eso no sucedió. En No se lo digas a nadie, Bayly se tomó la literatura a la ligera. Eligió escandalizar al Perú en lugar de convencer al país para que adopte una postura más tolerante hacia los gays. Sin necesidad de ser panfletario, el material de la narración, aprovechado de otro modo, daba para más.

La popularidad de la novela (y de su autor) propició la adaptación cinematográfica de la misma. La película se convirtió en el récord de asistencia al cine para el estándar de la época. Sin embargo, como se sabe: libro malo; peor película. El resultado fue una producción muy superficial. La gente llenó las salas de cine solo para ver a actores famosos besándose y haciendo desnudos en las escenas de sexo. Era el tiempo en que los cineastas peruanos apelaban a la fórmula alcohol-sexo-drogas-violencia para conseguir que el público peruano vaya al cine.

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