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Fue ayer y no me acuerdo

Un año después de la publicación de No se lo digas a nadie, el escritor y periodista Jaime Bayly lanzó su siguiente novela. Esta se titulaba Fue ayer y no me acuerdo. Tal como sucedió con su novela precedente, escandalizó a los más sectores más conservadores del Perú. Además, despertó el interés por la narrativa del autor por parte del público más profano. El desenfado sexual, el exceso de drogas y el vínculo entre el protagonista de la novela y su autor motivaron el interés.

Quien haya leído las dos primeras novelas de Jaime Bayly notará una relación de similitud entre ellas. Ambas cuentan con una importante carga autobiográfica. En ambas novelas el autor relata las mismas experiencias, salvo unas pocas diferencias. Eso es muy ramplón y simplista. En No se lo digas a nadie aparecen narradas desde la tercera persona (narrador omnisciente). Por su parte, Fue ayer y no me acuerdo presenta una narración desde la primera persona (narrador personaje).

Aparentemente podría parecer una estafa (o una burla) para los lectores. Sin embargo, ambas novelas emanan sus diferencias, a pesar de que los lectores asistimos a la repetición de varios episodios. La diferencia está en la primera o tercera persona de un verbo en la narración. También tenemos la aparición de personajes, que cumplen el mismo rol, pero encarnados en otros nombres. Finalmente presenciamos la misma insatisfacción de vivir en una ciudad, Lima, en un entorno negativo hacia la homosexualidad; como también la necesidad y el hastío del consumo excesivo de drogas.

Quizás le podamos perdonar al autor la repetición de sus anécdotas biográficas en ambas novelas. Podemos, los lectores, quedarnos con que Jaime Bayly es un autor que le gusta recurrir a sí mismo para la composición de sus narraciones. Lamentablemente, este binomio No se lo digas a nadie y Fue ayer y no me acuerdo parecen ser el resultado final de algo inicial. Me refiero a que proceden de esa materia sin forma, el estado anterior del cual procede una novela. Allí, donde se escriben las cosas sacadas del alma, se hacen borrones, reescrituras, replanteamientos y otras cosas propias del oficio. En conclusión, Jaime Bayly nos entregó dos novelas malas. Por el contrario, debió esforzarse en hacer una sola novela, que sea mejor que las otras dos.

Como Fue ayer y no me acuerdo es un calco apenas disimulado de No se lo digas a nadie, los errores se repiten. Un año entre una novela y otra no es suficiente para subsanar las falencias, si el autor lo hubiese deseado. Volvemos a presenciar la escritura facilista, poco compleja, el abuso en la utilización de los diálogos y el poco espacio para la descripción. Otro aspecto negativo es concentrarse en la narración episódica en lugar de la narración dramática. El componente de sexo y drogas, drogas y más sexo, así como la reiteración excesiva del componente autobiográfico, solo alimentan el morbo. No olvidemos que esta novela despierta el interés de los lectores por la fama mediática de su autor.

En resumen, todo esto contribuye a un resultado nada favorable para esta novela. El público poco exigente hacia la literatura puede apreciar bien esta novela, lamentablemente.

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