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Enrique V

En la guerra de los Cien Años, un nuevo monarca inglés, Enrique V, decide reanudar las acciones bélicas contra Francia. Lo que desea es obtener el derecho a ser rey de los franceses. Para esto, sostiene las causas de la guerra en la interpretación inglesa de la ley sálica.

El autor, William Shakespeare, es el mejor escritor de la lengua inglesa. Su producción literaria se manifiesta principalmente en piezas de teatro y, en mejor cantidad, a través de poesía, principalmente amorosa. Obras teatrales como Hamlet, Romeo y Julieta, El mercader de Venecia, El rey Lear, han transcendido su tiempo. Hoy, más de cuatrocientos años después, siguen vigentes gracias a personajes emblemáticos. Estos no son sino la materialización en palabras de sentimientos tan particulares como universales.

Enrique V es una obra que Shakespeare escribió pensando en aprovechar lo que se conocía sobre la vida de este rey de Inglaterra. El objetivo es presentarlo como un modelo para los futuros monarcas ingleses (y posteriormente británicos). En muchos aspectos Enrique V, tal como lo presenta el Bardo de Avon, resulta cargado de obstáculos que ponen a prueba sus virtudes. Por parte del rey, el modo de superarlos es tan emblemático y ejemplar.

La fama del rey Enrique V, entre ingleses y franceses, es la de un sujeto dedicado a la juerga y al entretenimiento. Sus consejeros más cercanos dudan que vaya a ser un buen rey, y más aún, que sea capaz de liderar un ejército contra Francia. Pronto, evidenciará una transformación, la de un ser humano ante el nuevo rol que debe asumir. No es arte de magia ni obra del cielo, sino la madurez y seriedad para asumir nuevas responsabilidades.

En el drama histórico apreciamos dos facetas del rey Enrique V. Por un lado, como persona natural, es decir aquella que se evidencia en los tratos más familiares, como con los amigos (sean nobles o no). Por otro lado, aparece el aspecto de persona regia, es decir de monarca, siendo la cúspide del sistema social inglés. Como cabeza del Estado, un rey dirige y guía a su pueblo a través de la política que ha trazado. Por eso, el rol que prevalece en él es el de monarca, ya que él mismo lo comprende como el más importante de ambas facetas.

Si emprendió una campaña militar, aunque estancada o al borde del fracaso, el rey debe ser responsable de sus actos. Es el líder del ejército y asume las consecuencias que se presenten. Además, Enrique V conoce su responsabilidad ante Dios por los actos que cometerán sus huestes, ya que son órdenes suyas. De esa manera, el rey se muestra como un ser humano humilde y temeroso de Dios.

Su capacidad de mando, sus acertadas acciones previas, propician el afecto de sus soldados y otros nobles; los inspira para que luchen en la batalla, como el monarca espera de ellos. Esto es algo propio de un líder. Resulta siendo un factor muy importante cuando los ingleses enfrentan a los franceses en Agincourt. Estamos ante un esfuerzo supremo cifrado en ese momento decisivo de la guerra de los Cien Años.

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